El pasado viernes 22 de julio se celebró la Ceremonia de Clausura de Programas Máster de TRACOR del curso 2010/11 en el Campus de Montepríncipe de la Universidad CEU San Pablo.
En la mesa presidencial compuesta por el Profesor Dr. Don Luis Núñez Ladevéze, Presidente del Consejo Asesor del Instituto de las Artes de la Comunicación TRACOR, Ilustrísima Dra. Doña María Isabel Abradelo de Usera, Vicedecana de la Facultad de Humanidades y CC de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo,
Ilustrísimo Dr. Don Ismael López Medel Vicedecano de la Facultad de Humanidades y CC de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo, Don José Antonio Puente Caballero, Presidente del Instituto de las Artes de la Comunicación TRACOR, Sr. Don José María Irisarri Núñez, Presidente de Vertice 360º y Padrino de la Promoción, Sr. Don Melchor Miralles Sangro, Director de la Escuela de Reporteros de TV del Instituto de las Artes de la Comunicación TRACOR, Sr. Don Alejandro Gómez Lavilla, Director Académico del Instituto de las Artes de la Comunicación TRACOR.
A continuación se incluye la intervención en este acto del Presidente del Consejo Asesor de TRACOR, Luis Núñez Ladevéze:
Presidente de TRACOR, autoridades académicas de la Universidad. Amigos compañeros de la mesa, familiares, también amigos. Y muy especialmente querido padrino, José María Irisarri Núñez, y queridos alumnos de la promoción de tracorianos del CEU del Curso 2010 2011.
Antes de nada, voy a extender mi saludo a algunos amigos que veo en la sala. Julio Iglesias de Usell, catedrático, académico consejero de TRACOR; Jesús Hermida, a quien le ha invadido el virus de la humildad al que se refirieron José Antonio Puente y Jose María Irisarri en sus intervenciones, y se ha situado en la parte de atrás del recinto, periodista y compañero mío en television y en otras suertes de la vida professional y ahora director de la Escuela de Presentadores.
A vosostros, tengo que dirigiros unas palabras. Las voy a leer, porque las quiero colgar en el blog del Consejo de TRACOR. Y digo “tengo”, porque ningún año consigo eludir la solicitud de José Antonio Puente. Siempre me incita a que hable en este acto. Pero, no es para mí un compromiso, sino un halago. Porque hay compromisos gratos, y cumplir con éste es un motivo de satisfacción. Lo único que siento es, que en lugar de hablaros, no pueda estar sentado también ahí, uno más, entre vosotros, para recibir la banda de graduación. Esa entrega acredita la realización de una tarea encomiable y simboliza, además, el mérito de haberla culminado con esfuerzo y rigor. Al recibirla, dais cuenta de haber cumplido satisfactoriamente con la palabra dada a vosotros mismos y a vuestras familias cuando os matriculasteis, y dais testimonio de haberlo hecho dignamente. Llega ahora el momento de la cosecha, y también del alivio, cuando ya lucís el diploma que os reconoce haber cursado un máster tan exigente como son los que la Universidad San Pablo CEU realiza conjuntamente con TRACOR.
¿Y qué os puedo añadir en esta tarde veraniega, que invita, más que a estar vestido en el aula, aunque afortunadamente funciona bien el aire acondicionado, que al bañador en la piscina o al short, (anglicismo vigente en la vigésimo segunda edición, que la Academia se dispone a suprimir en la vigésimo tercera edición del DRAE),? Esto de las ediciones del Diccionario lo digo por cortesía con José Antonio Puente, siempre vigilante de la pureza del español. Por supuesto, la pregunta resulta un poco retórica, porque lo primero que debo decir es obvio: lo primero que tenemos que hacer quien habla, y quienes le acompañan a este lado de la tarima, es felicitaros por haber llegado al final de curso, a recoger vuestro diploma, un símbolo que acredita haber conseguido un título singular: un máster de graduados como tracorianos del CEU.
Lo segundo es algo más complicado, porque no quiero aburriros y debo, sin embargo, deciros algo. Sé que estáis nerviosos y sentís prisa por festejar la llegada a la meta. Pero hemos de cumplir con la ceremonia, pues son los ritos los que enaltecen los motivos singulares y meritorios. En los actos de graduación, como en los finales de etapa, como ha dicho en vuestro nombre vuestra compañera Sara Medina, y elijo este ejemplo porque ahora se está decidiendo el tour, hay, en lugar de un ramo de flores, un diploma ,y, en lugar de un pedestal en el Parque de los Príncipes, una tarima en la Universidad San Pablo donde recogerlo.
Habéis culminado un proceso exigente: cursar los créditos establecidos en un misterioso programa, que nadie sabe exactamente en qué consiste, pero al que todo el mundo se refiere como si fuera un íntimo amigo que conociera de toda la vida, como plan de Bolonia. Yo reconozco, aunque me dé algo de pudor decirlo, que no sé con claridad que es el plan de Bolonia. Estuve en Bolonia hace algunas semanas y pregunté qué sabían allí del plan, pero nadie supo decirme nada. Me miraban perplejos. Tal vez, Melchor Miralles me lo explica luego. Pero vosotros habéis tenido la suerte o, tal vez, la mala suerte, de que las únicas personas que saben algo de verdad de Bolonia sean Luis Jiménez Pecnick, Isabel, Isamel López Medel o Maribel Abradelo. Digo la suerte, porque podéis estar seguros de que habéis culminado el plan de estudios de un máster oficial de 60 o más créditos ECTS (otra palabra misteriosa, casi endescifrable que se usa también como un talismán), y la mala suerte, porque estoy seguro de que cualquier cosa que se les haya ocurrido a Luis o a Isabel o a los vicedecanos para complicaros la vida de currantes de un master de Bolonia, la habréis tenido que cumplir sin excusas.
¿Y qué cosas se les ha puede haber ocurrido a Luis Jiménez, Isabel, Maribel o Ismael en comandita con un profesorado académico y profesional, seleccionado para cumplir con los misteriosos requisitos que exige el plan? La verdad es que los estudiantes de másteres exageráis por costumbre y os aquejáis sin motivo suficiente. Ahora que están presentes vuestros familiares, lo voy a resumir para que no se dejen engañar por vosotros. Porque José María Irisarri ha exagerado en todo. En lo que dedica a ver la tele y en lo que cuesta cursar un master. Es afecto de padrino. En realidad, es todo simple, un mero trámite, poca cosa. Un horario de clases de solo 5 horas diarias, completado con jornadas de prácticas, que os llevan otras 5 horas diarias o alguna más; horas de intensa preparación en el campus para encargos de cada profesor, semanas dedicadas a preparar la defensa de los trabajos de fin de semestre, para después exponer ante un tribunal indulgente que os examina con cariño y os hace algunos tiernos comentarios que vosotros apreciaréis como consejos paternales…; y, para acabar, más horas de festiva elaboración y de ensayo expositivo de un trabajo de fin de máster que no sé cómo que habéis conseguido copiar de internet. Y todo eso a cambio de qué, a cambio de obtener un papel, un diploma que hoy vais a recoger por fin…
He querido usar un registro irónico para explicar sucintamente ante vuestros familiares la gran tarea que habéis realizado. Pero la ironía tiene su función. Permite, mediante el contraste, resaltar aspectos que, a veces, pasan inadvertidos. Y lo que me propongo resaltar es el sentido de esta ceremonia universitaria. Habéis hecho un gran esfuerzo. Y la clausura y entrega de diplomas, que es lo que celebramos hoy, ha de estar a la altura de ese esfuerzo. No es, por cierto, un mero papel lo que os vamos a entregar, ni una banda para lucir como si fuera un cinturón o una corbata. El diploma es un símbolo que representa, reconoce y demuestra la magnitud del trabajo realizado. Por eso, ceremonias como esta que hoy nos congrega, no son etiquetas ni meras formalidades, son ritos que simbolizan tradiciones de esfuerzo y disciplina, a veces incrustadas en siglos de historia, como lo está la Universidad. Que lo hagamos un viernes de un Julio caluroso, contribuye a resaltar el valor simbólico del ceremonial. Un viernes permite que los de fuera de Madrid puedan participar en la celebración. Así que muchas gracias a todos por vuestra presencia en este lugar, porque el mero hecho de estar esta tarde aquí, indica que es una tarde importante para vosotros, que habéis comprendido el alcance de lo que el rito simboliza y expresa.
Fijaos en que todo éxito, deportivo, profesional o académico, como es el vuestro, se enaltece con una ceremonia que lo clausura. Ya sean los Juegos Olímpicos, ya sean campeonatos mundiales, ya sean vueltas a Francia, ya sean inauguraciones parlamentarias, ya sean entregas de premios Nóbel. Pero si esas pequeñas bagatelas tienen ese reconocimiento, ¿qué no habrá de tener la vuestra, tras haber superado durante un curso el rigor de Luis Jiménez y la disciplina de Isabel, los 60 enigmáticos créditos ECTS de Bolonia y las sesiones de 5 horas de vuestros profesores?
La formalidad del rito es proporcional a la grandeza del acto que se celebra. Tanto es más importante el éxito que hay que festejar, tanto más solemne es el ritual con que ha de celebrarse.
Por eso, como hoy no es para vosotros una fecha cualquiera, tampoco este puede ser un acto cualquiera. Cuando las cosas no son “cualquiera”, son “singulares”, hay que celebrarlas de un modo singular. Lo que hacemos no es mera convención por la que haya que pasar, como tampoco es convencional que podáis tener a José María Irisarri como padrino de vuestra promoción,. Como no lo es la ceremonia, tampoco vuestro padrino es cualquiera. José Antonio Puente y la Universidad han seleccionado un padrino a la altura de esta solemne sesión. Es un empresario de prestigio, que se ha singularizado como promotor de actividades y empresas televisuales, y también es doctor por la Universidad de Navarra, y profesor en esa universidad. Ya le he convencido para que sea vocal del Consejo Asesor de TRACOR que me honro en presidir. Y seguro de que le convenceré para que se incluya en el claustro de profesores de nuestro centro.
Amigos tracorianos del CEU y demás tracorianos, también amigos. La Universidad es una institución con un milenio de historia. Y el gaudeamus igitur que tendremos que entonar, una costumbre de más de tres siglos que unifica todas las universidades del mundo occidental, y no sé si también del oriental. Dije antes, al iniciar este comentario que ya me preparo para terminar, que ser tracorianos del CEU es haber adquirido una condición universitaria singular que merece celebrarse con las vestiduras del rito: la investidura de la banda, la recogida del diploma, el tono grave y solemne del Veni creator, que se canta en las universidades desde hace más de un milenio, y el tono festivo y jocoso del Gaudeamus igitur.
Fijaros en esto que he dicho: es una condición singular. Lo de ser singular, es algo que todo el mundo busca y cada uno trata de conseguir a su manera. La singularidad no se consigue pintándose un cabello tricolor, prendiéndose un pendiente para llamar la atención, o multiplicando los tatuajes sobre el brazo o el cuerpo. Tampoco por lucir o no lucir una corbata. No es infringiendo o saltándose las costumbres sociales como se llega a ser singular. La singularidad se alcanza cuando se aplica el esfuerzo a realizar obras que tienen relevancia y utilidad social. Las auténticas personalidades singulares son las que consiguen trabajar para que los demás se beneficien de su aportación.
Por eso decía Séneca en sus Naturales Quaestiones una observación, que para mí siempre fue motivo de reflexión: numquam sumus singuli. Nunca llegamos a ser del todo lo que deberíamos llegar a ser: personas singulares. Se refería Séneca a que la sociedad solicita a cada persona que transfiera algo de sí misma a los demás. Las que lo hacen sobresalen de la mediocridad: se singularizan, porque hacen el esfuerzo de superarse para ser útiles a los que les rodean. En tiempos de crisis, como los que corren, hay que esforzarse por labrar la propia singularidad y conseguir el valor añadido que requiere salir de la pasividad improductiva y del gregarismo anodino. Y eso es lo que se os reconoce que habéis hecho en este curso cuando se os entregue el diploma que os singulariza como tracorianos del CEU.
Voy a terminar con una reflexión que también tomo de Séneca. La singularidad no siempre es el éxito. La personalidad singular depende de uno mismo, mientras que el éxito depende también del azar, de la fortuna, de la suerte, en ocasiones también de la corrupción. A veces, el éxito procede del esfuerzo, y otras no. Pero el auténtico reconocimiento y el verdadero premio proceden de la satisfacción de saberse uno mismo. Os deseo el éxito, pero celebro más vuestra singularidad. Como tracorianos del CEU todos compartís ese premio que simboliza el diploma que vais a recibir. Quiero decir con esto que no os descorazonéis si el éxito no llegase. “Por eso -dice Séneca- en las situaciones favorables que nadie se confíe, en las adversas, que nadie desfallezca. Alternativas son las suertes de la vida. No sabes cuando van a dejarte las circunstancias que te han llevado a la cumbre. Tendrán su propio fin, no el tuyo”. Y se preguntaba el filósofo romano español: “¿Estás abatido? ¿te has visto arrastrado hasta el fondo?”, “ahora es el momento de levantarse” “¿Qué es fundamental?,” Y concluía: “poder soportar la adversidad con ánimo alegre”.
Concluyo pues: Estamos en tiempos adversos, difíciles, de crisis, de mutación. El diploma que tenéis os singulariza, pero no os inmuniza contra la adversidad. ¿Qué es lo fundamental?: “levantar el espíritu muy por encima de los acontecimientos casuales”, porque la peor “servidumbre es la de ser esclavo de uno mismo”. Habéis demostrado no ser esclavos y hoy, como ha dicho José Antonio Puente, sois, sin duda, mucho mejores que a comienzos del curso. Pero, hombre, Séneca sería más indulgente que José Antonio y os dejaría pensar en las vacaciones, Lo que importa es que un tracoriano del CEU ha aprendido, al cursar un máster exigente y singularizado, a ser “un espíritu fuerte y tenaz”. Eso nunca os lo podrá quitar nadie. Y eso es también lo que os entregaremos con el diploma que habéis recogido.
Luis Núñez Ladevéze
Presidente del Consejo Asesor de TRACOR. Profesor emérito CEU.



